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Aquellos tres enanos y su miedo a las drogas del instituto


Tengo grabada en la mente una conversación de hace 11 años. Acontenció durante el recreo del CEIP II Centenario, cuando a tres enanos se nos acababa el chollo de ser los mayores del colegio. Nuestros caminos estaban a punto de separarse.

Yo iba a empezar al curso siguiente la educación secundaria en el instituto Castillo de Cote y hasta aquel momento mi mayor preocupación era toparme con mi padre, profesor, por los pasillos. Pero allí añadí algún miedo más: “Me han dicho que en los baños se meten drogas. Yo mejor voy a la SAFA”. Quedé asustado. En esa época me lo creía casi todo: “¡Enga ya!”. “Te lo juro. Me lo han dicho”. El tercero en cuestión intervino, no sé si para dejarme más tranquilo ante el bulo: “Pues yo voy al instituto. Me da igual”.

Cómo ha pasado el tiempo. Y cómo hemos cambiado. El que finalmente estudió en la SAFA hoy sigue siendo uno de mis mejores amigos y es una de las personas con menos complejos y miedos que conozco. El que me echó un quite en aquella conversación ha sido elegido esta misma semana como el Hermano Mayor más joven de la historia de la Hermandad del Gran Poder, a la que pertenecíamos los tres y gracias a la cual también coincidíamos como nazarenos cada Miércoles Santo en la Parroquia. Yo, el más crédulo de los tres por aquel entonces, vivo de contrastar fuentes y del escepticismo continuo al que te expone ser periodista.

Hoy, a nuestros 22 y 23 años, somos tres buscavidas. Aunque mi amigo Manuel se me ha vuelto a ir a Mallorca, el mal es menor porque conseguí trabajo hace unos meses en Madrid; siempre nos quedará el consuelo de las comidas de Navidad. Manolo es el único al que le va genial en Montellano, con su bar en la calle Ronda.

Me consta que Manuel tiene en mente un proyecto para cuando regrese del verano, que Manolo y su Junta de Gobierno (en la que también brilla la juventud con luz propia) llegan con muchas ganas de seguir cambiando las cosas y que Montellano Hoy no va a morir pese a la distancia.

A pesar de nuestros miedos a las drogas del instituto, el cambio generacional está llegando. Lo que no sé es si lo hace para quedarse: dependerá de que Montellano se convierta en un pueblo atractivo para los jóvenes. Pero eso ya es otro cantar… 

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