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Aquellos veranos de hace muchísimo tiempo…

Estoy seguro que a los que tengan ya algunos años les traerá muchos recuerdos lo que a continuación comento. Como todos los años, esta “sociedad de la información” y los archiconocidos informes meteorológicos auguran una importante subida de temperaturas. Rápidamente se dispararán los miedos y los medios de comunicación nos bombardearán con las temibles “olas de calor”. Como si que alcancemos temperaturas de 40ºC fuera inusual en estas latitudes. Seguramente lo anormal sería lo contrario. Cuando oigo como nos quejamos de esas “terribles olas de calor” me vienen a la memoria más que nunca, aquellos veranos de mi niñez que con tanta ilusión esperábamos aquí en Montellano.

En aquellos finales de los años 60 y principios de los 70 el calor era un ingrediente necesario y normal que lo más que producía era sed. Para saciarla había alguna que otra fuente y un buen búcaro que contenía un agua tanto o más fresca que cualquier electrodoméstico de última gama actual. Un buen polo de hielo de mi casa o de la Jijonenca eran el complemento ideal para aquellos largos días de verano. El sofocante ambiente era minimizado con los trucos de las madres: ponerlo todo “oscurito”, cubos de agua en los patios y puertas de la calle entre abanico y abanico y unos artilugios como eran los ventiladores que movían un aire que se te pegaba a la piel y no te abandonaba.

Piscinas, lo que se dice piscinas no había, o al menos yo no las conocía hasta que llegó la piscina municipal, toda una revolución no solo acuática sino como lugar de “relaciones sociales”. Eso sí, había unas cuantas albercas de huertas cercanas y el río para los más mayorcitos, donde entre miedos y bromas muchos aprendimos supuestamente a nadar.

Tengo en mi recuerdo, aunque no lo ubico, unas neveras grandes que contenían grandes bloques de hielo que alguien llevaba a hombros en las casas. Sin embargo sí recuerdo perfectamente un pequeño frigorífico, nada que ver con los gigantes actuales, donde mi madre nos fabricaba unos helados de naranja y cola de hielo que eran un auténtico placer estival.

Por la noche llegaba la fiesta. El paseo por la calle y poderte quedar hasta altas horas fuera porque éstas estaban repletas de sillas y mesas de personas mayores “tomando el fresco” en unas calles donde el cemento y el alquitrán comenzaban a hacer sus estragos.

Dormir muchas noches era tarea difícil y era habitual sacar colchones al patio o a la azotea con lo que una pequeña ciudad de vecinos vivía por las alturas. Nos dormíamos con el privilegio de ver un cielo plagado de estrellas.

Pues sí, amigos, así se vivía en aquellos veranos, y encima éramos felices porque no añorábamos lo que no teníamos. Además no teníamos cientos de cadenas de televisión que nos dispararan con esas temidas olas de calor con lo que para nosotros aquello era totalmente normal. Espero haberos despertado algún recuerdo y ahora os dejo para buscar un buen aire acondicionado para ver como saltan las alarmas por la próxima ola de calor. De todas formas, buen verano.

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2 Responses

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  1. Gonzalo lozano
    Ago 10, 2014 - 05:53 AM

    Bonitos recuerdos, tiempos de una feliz infancia, cuantos baños en las albercas no me habre dado o en el lavadero aprovechando mientras madre lavaba, todavia suelo dormir en la azotea en esas noches de calor cuando estoy en Montellano. Gracias por estos recuerdos.

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  2. Pruden Garrocho
    Ago 10, 2014 - 10:04 AM

    Y esquivando colchones de madrugada por la calle ,para poder llegar a tu casa.

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