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El entorno de Montellano: un legado para el futuro


Cuenta la leyenda que una vez que construyeron el laberinto de Creta, fueron encarcelados Dédalo y a su hijo Ícaro. Dédalo ideó un medio para escapar y con cera y plumas fabricó alas. El sabio Dédalo se dirige entonces a su hijo Ícaro y le dice: “Hijo mío, vuela con prudencia y guarda siempre en los aires una distancia conveniente. Si te elevas demasiado hacia el sol, su calor fundirá la cera de tus alas; si vuelas demasiado bajo, la humedad del mar las hará en extremo pesadas. Evita uno y otro extremos y sígueme”. Pero Ícaro buscando lo inalcanzable, se acercó al Sol que derritió la cera y las plumas se desprendieron. Cayó en el mar y se ahogó. Así es como el joven Ícaro, por su excesiva soberbia, imprudencia y temeridad encontró la muerte, cuando creía volar hacia su libertad.

Vivimos en un lugar privilegiado sin lugar a dudas. Es difícil encontrar un entorno como el que podemos disfrutar cada día. Naturaleza, paisaje y vida entremezclados en nuestro rinconcito particular de Andalucía dan como resultado un espectáculo de luz, color y sensaciones difícilmente descriptibles solo captadas, no solo por los cinco sentidos sino también por el mejor termómetro de las emociones, nuestro propio interior. Ese impacto generalizado de sentidos que recibe el caminante a pie por nuestra Sierra lo hemos vivido todos los que hemos saboreado ese pulmón ‘pancipelao’. Muchos menos son los privilegiados que consiguen ese bombardeo de sensaciones desde el aire, desde las alturas, cuando a todo lo anterior se une el sentirse aún más libre como Ícaro.

No se trata ya solo de protegerlo físicamente sino también afectivamente, ahora mismo este entorno es uno de nuestras grandes riquezas que está ahí no solo para los montellaneros de hoy sino para todos los que nos sucedan. No es de extrañar la fascinación de estas tierras desde la más remota Antigüedad, no es de extrañar que generaciones y generaciones de pancipelaos se hayan identificado con ella y tampoco es de extrañar por ejemplo como cada vez es más habitual ver en nuestro cielo a estos Ícaros modernos, a estas aves humanas volar sobre este cielo privilegiado. Pero para preservar este inmenso tesoro como para casi todo en la vida hace falta… respeto. Sí, respetar y devolver lo que nuestra Sierra nos da sin darnos cuenta.

Historia, tradición, naturaleza y deporte se unen en este rincón, en nuestro pulmón particular al que deberíamos mimar para legar como uno de nuestros grandes tesoros a las generaciones venideras. Seguramente, cada uno de nosotros podremos hacer mucho más de lo que hacemos. ¿No creen?

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