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En referencia a la resistencia contra los franceses: ¿Dónde están los héroes?


Don José Romero, héroe de Montellano y Algodonales, es el modelo de héroe español por excelencia: mediana edad, rústico, desilustrado, grueso, redondo de cara, 1,55 de talla, buen color, pelo tomado, alto sentido del honor y cojones de Miura… Los cronistas obvian el asunto de las patillas, que imaginamos rizadas y a la altura del mentón. Y fajín, calzón de tripe, chupa con trenzuelas, jubón con botonadura de plata, montera de felpa chata, trabuco naranjero…

Don José era un indignado de la época. En 1810, bajo el régimen napoleónico, España hervía de indignados, más que ahora, porque sin fútbol, televisiones amedrentadas ni prensa sufragada, el populacho estaba sin amansar y conservaba virgen su naturaleza agreste y montaraz. La gota que colmó el vaso de don José fue que los gabachos hoyaran Andalucía. Hasta ahí podíamos llegar.

El 18 de marzo de 1810, don José y sus indignados, organizados como milicia popular, sí se puede, irrumpen en Morón y embisten al hispánico modo a un regimiento de suizos que almorzaba en el convento de San Francisco. El 14 de abril ofrece la misma cordial bienvenida a un destacamento de 300 gabachos que, si bien no hacían turismo rural, solo pasaban por Montellano.

Así que Soult, por gratificar a los montellaneros la efusiva bienvenida que dimos a sus colegas, nos manda el día 22, Domingo de Resurrección, al 5º Regimiento de Cazadores a Caballo y a dos batallones del 43 de línea al mando del coronel Bonnemains, barón del imperio, un mesié muy fino que recompensó nuestra hospitalidad asolando el pueblo. Menos la casa de don José y la torre de la iglesia, donde aún resistían paisanos cuando llegaron más indignados de Puerto Serrano y Algodonales.

Pero don José y sus milicias populares, erre que erre, abajo el régimen, sí se puede, se atrincheran en Algodonales, donde Maransín y sus regimientos, tras numerosas bajas, arrasan el pueblo matando a 239 personas, entre ellas a don José y a tres de sus hijas, que resisten hasta el final en una vivienda. Las crónicas de los propios soldados franceses que participaron en la acción testimonian la vergüenza de los vencedores y el valor de los héroes.

Doscientos años después de aquello la civilización y la modernidad no han calmado nuestra indignación. Seguimos bajo imperios y regímenes, indignados, pensando que sí se puede con la injusticia, la opresión, los expolios, la desvergüenza, el despotismo, la mentira… El último saqueo de España, orquestado por el imperio del dinero, ha superado con creces al de Napoleón. Recreamos estos días, en nuestros pueblos, aquella hazaña de Romero, sí, ¿pero qué ha ocurrido con nuestra dignidad? ¿Dónde queda nuestro honor? ¿Dónde están nuestros héroes? Sería tristísimo que al final sí tuviéramos un precio.

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