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Se cumplen 207 años del saqueo e incendio de la villa. ¿Qué ocurrió realmente?

Incendio y saqueo. Es lo que ocurrió en Montellano hace 207 años a cargo de los franceses, de las tropas napoleónicas sobre la joven villa de Montellano. Esta es la historia de lo acontecido en esos días:

El ejército napoleónico se dirigirá cerca de año y medio después de la batalla de Bailén, con toda su voracidad hacia Andalucía. Las operaciones de castigo de las tropas napoleónicas en pueblos y aldeas no eran pocas dado que constantemente partidas de lugareños y guerrilleros les salían al paso, instigaban y atacaban. Este fue el motivo para que Bonnemains, coronel del 5º° regimiento de Cazadores a caballo, ordenara el día 14 de Abril de 1810, que un destacamento de unos 300 hombres se dirigiera para tomar a fuego la villa de Montellano conocedor seguramente de algunas de las andanzas de Romero y otros montellaneros integrados en partidas de guerrilleros. De forma fulgurante el estrépito de la caballería rompió aquella tarde y una nube de polvo ocultó las humildes viviendas. Tras las ventanas pasaban, movidos por el viento, negros girones de humo de multitud de incendios cercanos.

Más de una treintena de casas (de las más de 300 del pueblo) ardían ya completamente y el pánico se apoderó del ambiente, aumentado por los chasquidos de las armas de fuego, los gritos de dolor y quejidos de combatientes y heridos deshechos. La calle del Pozo, que era la frontera con el campo, era una línea continua de casas humeantes. La disposición del caserío en las laderas de la Sierra con marcados barrancos, unido al hecho de la techumbre de pasto y paja hacía que el fuego se propagase a la misma velocidad que el horror. Aquella villa que había nacido unos veinte años antes, y que empezaba a levantar cabeza con el reparto de suertes de tierras ganadas a los duques de Osuna en Geribel y el Bosque, vio truncado su avance aquel 14 de abril de 1810.

La soldadesca francesa vociferaba repartiéndose el botín que sacaba de las casas: las jarras de miel, las tinajas de tocino, sacos de trigo, las cazuelas de frutas, matanza, aceite y arrobas de vino entre otras. Grupos de soldados franceses, siguiendo órdenes del coronel Bonnemains, trataban de propagar rápidamente el fuego por todo el caserío con el fin de rendir la villa. Mientras esto ocurría, Romero Álvarez y un grupo de montellaneros corría de casa en casa, saltando tapias intentando situarse en el campanario de la iglesia para entorpecer el avance de la tropa enemiga.

De las afueras de Montellano, allá por el chaparral de Morejón llegaba el toque de llamada del mando francés. El comandante del destacamento francés, Bonnemains, volvía a concentrar sus tropas en las afueras. El intento de asalto le había costado muchos heridos y aproximadamente una decena de bajas. En su tienda continuamente entraban y salían algunos oficiales para recibir y llevar órdenes. En su interior se dejaba oír claramente la voz enérgica del barón Bonnemains, que descontento de sus oficiales por la derrota sufrida en Montellano, buscaría el modo de vengarse y reducir en breve aquel puñado de labriegos que, lejos de rendirse intentaban controlar los fuegos y prepararse para un posible contraataque.

Lo que era Montellano aparecía ahora como una columna de humo que rodeaba todo el horizonte en un espectáculo dantesco. Varias columnas de humo ennegrecido separadas en su tronco, pero unidas en su cúspide manchaban el cielo a lo que se unía el sordo rumor de gritos y explosiones continuadas. Los dos grandes arroyos que recorrían el caserío, tanto el que desaguaba en la Tenería como el que llegaba a la Fuente, bajaban enturbiados como muestra fehaciente de lo que se vivía en sus entrañas. Las cuatro vías de acceso a la localidad: el camino de Morón, de Algodonales, el de Bornos y el menos utilizado, el de El Coronil servían de perímetro claro de adonde había llegado el ataque.

La venganza de Bonnemains y su tropa no tardaría mucho. Llegó el día 22 de Abril, y el irritado coronel, al frente de unos mil soldados, con abundante caballería, seguido de un cañón volvió al ruinoso Montellano. Bonnemains incendió la villa por sus cuatro flancos aunque aún había focos de resistencia en su interior.

Un grupo de una docena de jinetes al mando de don Gaspar Tardío y otro de sesenta lugareños y guerrilleros a pie bajo las órdenes de D. Francisco Salcedo, llegaron a Puerto Serrano. Se intentan aproximar al pueblo detectando una columna francesa en la Tenería con los que entablan duro combate hasta caer la noche. Al amanecer, Tardío al oír descargas de fusilería en el interior de lo que fue Montellano se dirigió sin perder tiempo a la población y pudo contemplar el horror que de todos los rincones emanaba.

La villa era un único incendio que lo devoraba todo. Ante la completa destrucción de la villa, D. Gaspar Tardío propuso a Romero, su familia y los que aún resistían que abandonaran Montellano en el que solo quedaba humo, muerte y horror. Los vecinos que habían podido, habían huido hacia las sierras, campos y pueblos cercanos. Lo que era una incipiente y humilde villa no era más ahora que un montón de ruina y calamidad. Si algunos años antes en Montellano vivían más de 3000 personas, tras la durísima epidemia de fiebre amarilla de 1804 y el incendio de la villa, la Prefectura de Jerez, a la que pertenecía Montellano no contaba más de 2150 vecinos de ellos más de 500 pobres de solemnidad. Romero y los otros salieron definitivamente hacia Algodonales que distaba unas cinco leguas de Montellano. Jamás volvería a ver su pueblo al ser víctima del brutal ataque francés a Algodonales pocos días después.

Por si todo aquel horror fuese poco las autoridades francesas imponen a lo que quedaba de pueblo una multa de 100.000 reales que significaba la puntilla definitiva para este pueblo. Resulta cuando menos curioso que los visitadores del arzobispado a la iglesia local hablasen de aquellos montellaneros años antes como ”gente algo revoltosa y de poco trato”.

Y aquí termina el relato de dos días que marcaron el devenir de una villa que comenzaba a andar y que se encontró de frente con el terror de una Guerra. La locura desmedida por ambos bandos, cada uno con sus consignas particulares, llevó a la brutalidad preventiva a la locura colectiva y a enarbolar cada uno la bandera de la siempre presente razón. Ahora que tanto se ha hablado de memoria histórica restringiéndola a periodos muy concretos de la historia de España, ahora es momento de recordar y ampliar ese concepto tan manoseado también no solo a otros periodos históricos como éste, sino a toda la historia en general. De todo debemos aprender para evitar y repetir errores pero lamentablemente está visto y comprobado que eso es tarea prácticamente imposible por intereses de todo tipo.

Mucho se ha hablado y reflexionado sobre la guerra y los enfrentamientos como solución de problemas, pero solo llego a una conclusión: Jamás existió una buena guerra ni una mala paz. Eso sí, o el hombre fija un final para la guerra o la guerra fijará un final para el hombre.

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2 Responses

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  1. Gonzalo Lozano Curado
    Abr 23, 2014 - 04:01 AM

    Excelente documentación.
    y una no menos excelente pagina. felicidades Juan Antonio.

    Reply
    • Juan Antonio Moreno
      May 06, 2014 - 05:06 PM

      Gracias Gonzalo en lo que me toca. El director de montellanohoy.com es mi hijo, Fran Moreno. Un saludo y nuevamente gracias

      Reply

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