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La carta sobre la Romería con la que te sentirás identificado

“Campanitas de plata quisiera ser”; como dice la sevillana, qué mayor privilegio hay que el de ir junto a nuestro Santo y acompañarle a son de sevillanas, toques de flauta y tambor o al compás de unas palmas bien ‘tocás’. La Romería está llena de sonidos: desde el crujir de una carreta al silbido de un cohete, desde un replique de campanas al choque de unas herraduras sobre la carretera. Sonidos que para muchos son ruidos, pero para otros es un reclamo que nos acelera el pulso y nos anuncia que estamos en el fin de semana más grande del año.

¿Qué sería nuestra Romería sin el colorido que la acompaña? La primavera amanece en Mayo por balcones y ventanas, y por cada rincón de nuestro pueblo nace una flor. En Montellano la primavera también florece de papel y una mañana, sin esperarlo, nuestro pueblo rebosa de tonalidades vivas. Las mujeres con sus trajes, las carretas con sus guirnaldas y penachos, el campo florecido, el sol de la primavera… son cosas que hacen que la alegría y el júbilo se derrame por nuestro pueblo como agua de Mayo.

De olores está llena la vida. Algunos, nos traen grandes recuerdos a la memoria: el olor a manzanilla, el olor a ganado, el olor a arreos recién estrenados, el olor a Romero, el olor a pólvora recién quemada, el olor a pinar y a camino… Para los montellaneros, estos olores, que vengan de donde vengan o sean percibidos en diferentes épocas del año, lo único que se nos viene a la cabeza es la Romería de San Isidro Labrador, la fiesta más importante de nuestro pueblo.
Llega un momento en que nuestro tacto nos recuerda vivencias de una niñez. La rugosidad del papel pinocho, la sensibilidad del papel de seda que nos recuerda la fragilidad de la vida. El roce de la piel de unos botos o unos sajones, nos transporta sin darnos cuenta al mes de Mayo. Para muchos, estas texturas nos llevan a un mundo lleno de recuerdos, como al de aquel niño que disfrutaba jugando en la cochera de su carreta.

Junto al tacto podríamos hablar de los sabores; y sin sabores de nuestra Romería, como dice la sevillana, “si no están los amigos es como si le faltase la primavera al camino”. Esta fiesta ha demostrado a lo largo de los años cuál es su mayor baluarte: la convivencia entre amigos, familiares y conocidos. Sin embargo, hay veces que la vida pone su peor cara y hace que nos quedemos huérfanos de aquella persona a la que tanto queremos, y cuando llega Mayo se echa mucho más de menos a los que ya no están. Cuando San Isidro Labrador se encierra en su capilla el domingo de Romería, somos muchos los que nos vamos con un nudo en la garganta acordándonos de aquellos que fueron nuestro cayado en el camino.

Quiero dedicar estas palabras a todos los que hicieron posible esta grandiosa Romería, que hoy es la esencia de nuestro pueblo. Por todos aquellos que están en esos pinares del cielo que entre carretas y amigos cantan sevillanas a San Isidro bendito.

Fdo: Romero anónimo

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