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El “milagro” del incendio en el Convento de San Pablo de la Breña

Aún imponen los poquísimos restos, cada vez más deteriorados, a los pies de nuestra Sierra y en una atalaya envidiable. En los últimos años hemos visto reverdecer esos lazos de unión ancestrales entre Montellano y el Convento de San Pablo de la Breña. Mucho se conoce documentalmente de lo que allí aconteció desde sus más remotos orígenes pero hoy vamos a acercarnos a la otra vertiente menos científica pero más viva.

El manuscrito que recoge la historia que hoy narramos se escribió entre 1633 y 1642, por lo que su autor no estaba muy alejado ni en espacio ni tiempo de lo que relata. Aquellos franciscanos, en 1575, merced a la concesión de la casa ducal de Osuna, fundan el convento de San Pablo de la Breña en lo más profundo del bosque llamado ‘Algaida de Cote’. Allí vivieron con toda seguridad mil y una vicisitudes de todo tipo. Todo ello enmarcado en una huerta riquísima que, serpenteada de una corriente de agua permanente, conseguía mantener holgadamente a aquellos monjes con productos de todo tipo.

Oraciones para que el fuego no alcanzase el convento

Allá por el mes de Septiembre de 1629, en tierras aledañas al convento cubiertas de una frondosa vegetación que no es difícil imaginar a un simple vistazo actual, dos paisanos andaban quemando rastrojos. Y “como era tan alta y tan cerrada, y la yerba estaba seca”, las chispas prendieron rápidamente a todo la Breña de San Pablo. El fuego provocaría amplísimas columnas de humo fácilmente visibles a toda la redonda y desde muchísima distancia dada la situación geográfica de la zona.

Ante la tremenda catástrofe, los hermanos franciscanos, atemorizados “viendo que era imposible salvar su casa, por estar en lo más cerrado del bosque” y contemplando cómo el fuego ya había devorado todo lo que encontraba a su paso llegando a la misma cerca de aquella rica huerta, se dirigieron todos a “pedir en oración a Dios misericordia”. Y prosigue Bohórquez: “Y habiéndola oído su divina Majestad, paró el fuego en su mayor furia, reservando la santa casa, la huerta, la cerca de ella…”. Además de las dependencias internas del convento, de aquella catástrofe también se salvó la ladera de la actual Sierra, donde se encontraban los ermitaños.

¿Qué ocurría en esa época?

Para entender adecuadamente cómo narra Bohórquez los hechos es preciso colocarlos en su contexto general, bajo la enorme preocupación en la época por defender la fe católica ante el empuje de los protestantes. Eso explicará junto al crecimiento y expansión económica la misma fundación del convento de San Pablo de la Breña. De cualquier forma a la fortísima religiosidad de la época se le une, en el caso que nos ocupa, la conflictiva relación entre el Ducado de Osuna y Morón, y por tanto de Montellano.

Aquellas ruinas están mucho más unidas a Montellano de lo que a primera vista pudiera parecer. San Pablo de la Breña es sin duda uno de los puntos del triángulo histórico, junto al entorno de Cote y del Molino Pintao, de donde proviene nuestra formación como comunidad.

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