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Dos casas más arriba


El verano había pasado pero el calor de Madrid aún daba sus últimos coletazos. Era septiembre en aquella tasca de cerveza fría. Federico, recién cumplidos los 20, era un joven de pueblo (Montellano) que aún trepaba el tronco del árbol en busca de las ramas, del impulso y las nuevas experiencias. No era el único andaluz, pero el laismo dominaba la conversación en un coloquio en el que la mayoría norteña intimidaba a la minoría andaluza. Especialmente él, aniñado y acomplejado ante la superioridad moral del dialecto castellano.

Apenas unos días más tarde, Federico descubrió en Youtube un vídeo que le llamó la atención. Un hombre con boina derrochaba argumentos en defensa del andaluz. Su padre se acercó para advertirle de que era la hora del almuerzo.

– ¿Qué haces viendo a José María?
– ¿Qué?
– Es tu paisano
– ¿Cómo?
– Venga a comer

Federico esta vez no rebañó con pan, como acostumbra, y a los 10 minutos había vuelto al ordenador. Por un lado, sentía vergüenza por haber forzado las ‘s’ y no haber rechistado ante las burlas por ahorrarse algunas sílabas en aquella tasca de la capital. Pero, por otra parte, sentía interés por escuchar esos argumentos que hasta ahora nadie le había ofrecido; más aún desde que, entre cucharada y cucharada de gazpacho, su padre le había explicado que aquel hombre llamado José María Pérez Orozco se había criado dos casas más arriba.

Unos meses más tarde el reto era mucho más complejo. Esta vez eran siete vallisoletanas dispuestas a sacar el tema del habla y dos sevillanos dispuestos a todo por contentarlas. Pero Federico se había hecho una promesa a sí mismo. Y sí entró al quite. Y explicó que las lenguas tienden con el paso del tiempo a la economía del lenguaje. Y que por ello él hablaba el dialecto más avanzado de la historia. Y explicó por qué el ‘manque pierda’ no está mal dicho, sino que es una obra literaria. Y repitió todas y cada una de las frases que había escuchado en aquella conferencia en internet.

En aquella conversación citó, como siempre, a Alberti. Y a Machado, a Lorca y a García Montero. Pero también a Montellano. Porque esta vez la esencia de su referente y motivo de orgullo estaba aún más cerca: apenas dos casas más arriba del lugar donde acostumbra a rebañar el plato.


Montellano necesita a Federico


  • El montellanero José María Pérez Orozco fue catedrático de la lengua y y centró sus estudios en la defensa del habla andaluza. Falleció en 2016, dejando un amplio legado: sus discursos en televisión y en distintas conferencias aportaron argumentos contra los tópicos negativos asignados al dialecto andaluz. Una Comisión especial prepara durante estas semanas el homenaje de Montellano a su paisano.

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