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Sor Ángela y la historia de Aben-Nuh


Sor Ángela Peñacoba tenía el don de atrapar con la palabra. Era además en sí misma una perenne sorpresa, indeliberada, prodigiosa, como la chistera de un mago siempre llena de objetos imposibles e inesperados. Contaba la realidad como se cuentan los cuentos, con dulzura y sin prisas, embaucando al oyente.

Una soleada mañana de domingo, hará de esto diez años, le dije que había estado en Morón, documentándome para La trastienda de la memoria. Viaje a los pueblos del entorno de la Vía Verde de la Sierra. Ella había vivido en Morón mucho tiempo atrás y guardaba grandes recuerdos del pueblo. Comenzó a contarme al detalle la historia de la villa, la más oculta, aquella que ni es leyenda, la que ha sido olvidada por el olvido mismo.

Me habló de la calle de las Morenas, donde vivieron las hijas del cadí Abén Çabah después de entregarse Morón por pleitesía a Fernando III, allá por el 1240. Yo ya había oído la leyenda, pero me habló también de Muhamad Aben-Abbad, rey de Sevilla a mediados del siglo XI, quien visitó en Morón al berberisco Aben-Nuh, por aquel entonces dueño de la fortaleza. Aben-Nuh lo agasajó con festines y la población lo acogió con fiestas y honores.

A su vuelta, el rey de Sevilla, en cuyo corazón sin duda había anidado la envidia y la ambición, invitó a la ciudad al berberisco de Morón y a los de Ronda, Arcos y Jerez. Entre otros muchos agasajos les ofreció un baño del que salía agua caliente de pilas de mármol acopladas a los muros, alimentadas por calderas. Cuando los invitados fueron a abrir la puerta, la encontraron tapiada y murieron asfixiados. Aben-Abbad mandó cortar sus cabezas y las guardó como trofeo en un arca. Luego tomó Morón, Ronda, Arcos y Jerez.

Escéptico con aquella genial referencia salida del sombrero mágico de sor Ángela, indagué el asunto, que cuenta también García de Valdeavellano en su Historia de España Antigua y Medieval. Al domingo siguiente se lo comenté a sor Ángela. Se levantó del banco y al rato volvió con un manuscrito en la mano: “En este libro también lo cuenta. Es para ti”. Era una recopilación de historias y leyendas de Morón escrita por ella muchos años antes, de puño y letra, con paciencia monacal. Un manuscrito largo y ameno, de una caligrafía elaborada y mágica. Así era. Así es.

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