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La historia de la Torre de Lopera

Como algo intrínseco a la condición de ser humano, tendemos a identificarnos más con lo más cercano. Por ello, el montellanero se siente muy próximo a Cote. Pero a parecida distancia geográfica y claramente identificada con su evolución como comunidad e histórica, se encuentra la enigmática Torre Lopera. Superando límites administrativos actuales, es evidente la íntima relación entre la localidad, Cote y Lopera en la realidad histórica.

En muchas ocasiones el actual territorio de Montellano ha sido espacio de frontera. Ello ha tenido sus aspectos negativos evidentes, pero también ha aportado una gama de matices y vivencias impresionantes. Así, tanto Cote como Lopera actúan de límites claros que el paso de la historia ha mantenido visibles y que nos retrotraen a una tierra convulsa en muchos momentos.

Parte del antiguo triángulo defensivo

La torre de Lopera desde el siglo XIV está directa e indirectamente formando parte del territorio visual montellanero. Situada en una extensa meseta de los cerros de Lopera, desde ella se divisa perfectamente Montellano al Este y la conocida como torre del Bollo al Norte. Su lugar privilegiado le convierte en un baluarte de vigilancia de singular orden.

Junto a Cote y las Aguzaderas, formaban un triángulo defensivo impresionante que protegerían el reino de Sevilla del espacio fronterizo con el musulmán reino de Granada. Su estratégica posición les convertía en el mejor centinela que daría la voz de alerta rápidamente para las expediciones y correrías (razzias) de los nazaritas granadinos por el valle del Guadalete, que intentaban impedir la ocupación real del territorio por parte de los cristianos. Estas expediciones, muchas de ellas con centro en Ronda, obligaron a construir una línea defensiva conocida como Banda Morisca en un espacio desde Ronda a Utrera-Sevilla.

La zona era ideal para aquellos ataques nazaritas dada su complicada orografía y difícil defensa por parte cristiana. Además, tras las brutales expediciones nazaríes, éstos podían refugiarse rápidamente en castillos casi inexpugnables como los de Pruna o Zahara. La preocupación constante de Sevilla y su enorme problema para asentar población por nuestras tierras le llevó a construir este sistema de torres defensivas nuevas o reutilizando otras construidas anteriormente, entre las que se incluyen Cote y Lopera.

Esa primera línea de combate, de frontera real, mantendría a posiciones de retaguardia como Utrera y claramente Sevilla más tranquilas en aquellos convulsos años de guerra permanente. Se construyen o remozan así casi una veintena de fortificaciones: Cote, El Coronil, Matrera, Los Molares, Morón, Utrera, Aguzaderas, Membrilla, Bollo, Águila o la misma Lopera.

Las partes de Lopera

Lopera estaba compuesta de una torre rodeada de un importante recinto defensivo de la que aún son visibles restos, ya muy deteriorados e imperceptibles en otros espacios. La torre como tal era de dos plantas comunicadas por una escalera, hoy totalmente desaparecida. La existencia de restos arqueológicos habla de una ocupación anterior de la zona, importante desde épocas antiquísimas dada su posición geoestratégica.

La Torre de Lopera también contaba con un recinto amurallado del que se conservan algunos restos. El hecho de que contara con dicho recinto permitía incorporar a una guarnición mayor, debido a que esta torre estaba en la vanguardia de la frontera junto al Castillo de Cote y el Castillo de las Aguzaderas de El Coronil.

Su evolución hasta hoy

La torre se conserva en un relativo buen estado, aunque el riesgo de deterioro es muy alto, sobretodo por la creciente vegetación que existe en el lugar, estando muy afectadas las cubiertas de ambos pisos.

Anteriormente al siglo XIII el espacio era conocido como Biscena y se apunta que el nombre de Lopera pudiera deberse a la concesión a Don Lope en el repartimiento posterior de tierras a la conquista o también se apunta que el topónimo pudiera derivarse de “luparia” que hace relación a “tierra de lobos”. o quizás simplemente recogía a un topónimo ya existente.

Lopera, auténtico arquetipo de la banda morisca, sigue erguida y desafiante al paso de los pocos viajeros que transitan la cercana carretera a las Cabezas. Va muriendo lentamente pero se resiste a sucumbir ante múltiples factores, entre ellos, el primero: la despreocupación y el abandono. Malos tiempos para estos testigos mudos de la historia. Aunque quizás nunca los tuvieron buenos.

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La Torre Lopera en la actualidad

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